La importancia de hablar sobre nuestros traumas y los efectos de no aprender a gestionarlos. La vida tiene obstáculos que no podemos evitar, pero sí podemos aprender a enfrentarlos y aceptarlos para mejorar nuestra calidad de vida.
El trauma es la respuesta psicológica y emocional a un evento o una serie de eventos extremadamente angustiantes que empujan a una persona más allá de su capacidad de afrontarlos de manera efectiva. Puede dejar cicatrices emocionales duraderas y afectar significativamente la vida de la persona.
Puede ser el resultado de una gran variedad de circunstancias, incluidas experiencias de la infancia, pérdida de algún ser querido, accidentes, desastres naturales, abuso físico y emocional constante. Es importante saber que existe ayuda disponible para quienes han sufrido este tipo de situaciones tan dolorosas.
Sin embargo, cuando se ignora el trauma, el costo físico y psicológico que se genera en las personas puede ser muy profundo.
El trauma en sí mismo tiene un impacto significativo en el bienestar emocional y la salud mental de una persona. Cuando ese trauma no se trata, suelen desarrollarse trastornos como el trastorno de estrés postraumático (TEPT), la depresión, la ansiedad e incluso el abuso de sustancias, que pueden llevar a las adicciones.
Sin el tratamiento adecuado, estos problemas de salud mental no solo quedan sin resolver, sino que pueden empeorar con el tiempo. La mente, al lidiar con el impacto abrumador de una experiencia traumática, puede recurrir fácilmente a mecanismos de afrontamiento desadaptativos, lo que conduce a una espiral descendente.
Las personas que han experimentado un trauma suelen tener dificultades para regular sus emociones, lo que les provoca cambios de humor, ira e irritabilidad. Pueden sentirse culpables o avergonzados, incluso cuando no fueron responsables del evento traumático. Los flashbacks, las pesadillas y los pensamientos intrusivos sirven como recordatorios constantes, manteniendo viva la experiencia traumática en la conciencia del individuo.
No sanarlos puede seguir afectando nuestra salud mental, ya que no solo deja cicatrices en nuestro interior, sino que también transforma la forma en que percibimos nuestro entorno y a nosotros mismos. El trauma puede dejar al cerebro en alerta alta, incluso si la amenaza ya no existe.
Es de suma importancia saber que los síntomas del trauma no son irreversibles; por el contrario, saber que después de haberlo vivido "es normal sentirse así" y reconocer este impacto es el primer paso hacia la reconstrucción de nuestro bienestar físico y emocional, siempre de la mano de un profesional.
Por: Mtra. Mary Carmen Sandoval Salcedo, Red de Atención Psicológica I Marca Familia

